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En los últimos tiempos la reputación empresarial se ha convertido en algo fundamental para el éxito empresarial

Mantener una reputación corporativa como valor de empresa es una de las premisas que muchas compañías en España se preocupan por cumplir, sobre todo en tiempos de crisis económica. Es por ello que se ha creado un decálogo para dicho fin. El punto más importante dentro de estos diez puntos es la formulación de la estrategia, mediante una visión de marca: “Sin esto, todo lo demás no tiene sentido”.

En esta misma línea, la empresa será imagen de su principal estrategia: el director ejecutivo. Él dará el aval a las políticas que considere más convenientes, y rechazará las que vayan en perjuicio del negocio.

Los competidores

La capacidad de diferenciación entre la amplia gama de competidores, la coherencia entre lo que la empresa dice y lo que hace y el compromiso de todo el personal con el cumplimiento de la estrategia de la compañía forman parte integral de la lista. En este último punto es indispensable la instauración de incentivos, que pueden ir desde un aumento salarial, hasta el propiciar adecuadas prácticas de comunicación interna. Esta última deberá ser tomada en cuenta, sobre todo en tiempos donde es muy difícil para las empresas no solo incrementar el salario de los empleados, sino conservarlos a todos. Los recortes de personal están a la orden del día.

Los sectores deberán esforzarse por identificar bien a sus públicos, comunicar su postura ante los eventos en que se vea involucrada y conservar la transparencia.
Los sectores que más se preocupan por su reputación son los que ofrecen servicios públicos, las telecomunicaciones, la banca y demás instituciones financieras. “Esto se debe a que han estado mucho en el punto de mira de la población. Son industrias de alta sensibilidad por su contacto con el consumidor”.

Las telecomunicaciones, precisamente, se encuentran bajo el escrutinio de los consumidores a nivel internacional. Se ha desatado el debate ante el posible pago que exigirían a buscadores de Internet empresas de telecomunicación, por el uso de infraestructuras de redes de comunicaciones, propiedad de los operadores. De hecho, las telecomunicaciones se encuentran en los últimos escaños de la lista de industrias con favorables índices de reputación, según un estudio realizado durante el 2009.

Los sectores financieros, de seguros y de la construcción ocupan los últimos puestos y son estos los que más invierten recursos para conservar una imagen positiva.

El decálogo

Una empresa mantendrá su reputación si:

-Posee una definida estrategia.
-Se diferencia de la competencia.
-Dice lo que hace y hace lo que dice.
-Su líder se compromete con los objetivos a alcanzar.
-Todas sus áreas están integradas.
-Los empleados se comprometen.
-Posee un sistema de indicadores.
-Identifica sus públicos claramente.
-Tiene transparencia y ética.
-Comunica a públicos internos y externos sus puntos de vista.

Fuente: Cincodias.com

 
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tecnologicaTodos los pasos necesarios para poner en marcha tu tienda virtual. Salvo honrosas excepciones, cualquiera que piensa en montar un comercio on line se plantea todas estas preguntas.

¿Existen todavía oportunidades en Internet?
La respuesta es un sí rotundo: en Internet hay muchas oportunidades para emprender. El volumen de negocio crece a un ritmo del 40%. Es un mercado muy poco explotado en España y hay cabida para todos.

¿Qué productos pueden tener éxito?
En cuanto a qué productos ofrecer se puede vender prácticamente de todo aunque conviene enfocarse a los mercados menos saturados y en los que no se compita exclusivamente por precio.

¿Tengo que invertir en marketing para conseguir ventas?
Sí debes realizar acciones de márketing, fundamental para crear un negocio rentable. Como en cualquier comercio tradicional, hay que estar en las calles por donde transitan nuestros potenciales clientes. Lo contrario sería como montar un comercio en la mejor zona de una ciudad y tener echadas las persianas.

Despacio, pero seguros
Como norma general, tanto si hablamos de un emprendedor que parte completamente de cero como si se trata de un comerciante que quiere ampliar su negocio a través de la venta on line, la primera idea que se debe tener en cuenta es que aquí no hay que empezar a lo grande. Mejor ir poco a poco, probar el producto, el entorno y, a medida que veamos resultados, ir ampliando el proyecto. Hacer más grande el comercio es relativamente fácil. ¿Por qué vamos a asumir mayores riesgos, si no es necesario?.

Empezar de cero
Crear un comercio on line es básicamente lo mismo que montar cualquier otra empresa de la nada. Hay que hacer un plan de negocio, analizar el mercado, detectar a los potenciales clientes, desarrollar una estrategia para llegar a ellos, una política de precios… La única diferencia es que “los gastos iniciales son mucho menores, pero para que esto tenga sentido debemos dar un enfoque especializado al proyecto. Tanto para el que tenga una empresa como para el emprendedor que parte de cero, nuestra indicación siempre será la especialización. De esta forma entendemos que el proyecto tiene visos de funcionar. Con un producto especializado es más fácil ofrecer una oferta diferenciada y competitiva y  el marketing será más eficaz. Este es  uno de los puntos claves y fuertes para competir.

 Pero no hay que confundir especialización con poner uno o dos productos en la web. De lo que se trata es de buscar una línea de trabajo en la que podamos ser competitivos por calidad-precio, por servicio y en la que podamos disponer del producto de una manera inmediata y sin necesidad de cargarnos de estocaje.

 La tecnología también es fácil de ampliar sobre la marcha. Por eso, es preferible tener que aumentar, que invertir en algo que te cuesta miles de euros para nada. Lo más que puede suceder es que si el comercio cosecha más éxito del que has calculado, tengas que migrar a una aplicación de más capacidad, pero eso no es ningún problema. Se puede trasladar toda la infraestructura del comercio a otra aplicación sin ningún riesgo. Es cierto que algunos comercios mueren de éxito o por una demanda superior a la que puede soportar su tecnología pero, en estos casos, si se hace un buen seguimiento del negocio se puede prever con suficiente tiempo para poder reaccionar.

¿Cuánto dinero necesito para empezar a funcionar con cierta garantía?
Y en lo que respecta al precio y la ayuda que puedas necesitar para ponerlo en marcha, todo dependerá de las necesidades de tu futura empresa. Pero hay un dato fundamental, con una inversión de 1.000 euros puedes tener un comercio potente. Menos de lo que cuestan unas vacaciones. ¿Hacen falta más argumentos para dar el paso?.

Fuente: emprendedores.es

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El consumidor ha pasado de la euforia al pánico – Se ha hecho más exigente y mantendrá algunos hábitos de ahorro cuando se le pase el susto – La ostentación del lujo está peor vista.

“No tengo ni idea de lo que puede pasar, pero yo creo que de la crisis saldrá un consumidor diferente, con otra actitud. Hemos tocado una pared. Ahora tiene más valores, y va a ser un poco más austero, también porque va a haber menos riqueza. Pero, al mismo tiempo, será selectivo y en algunos productos siempre estará dispuesto a gastar dinero. Por ejemplo, abrir un iPod es casi un acto de amor, es tan bonito, uno se guarda hasta la caja…”.

Piensa en voz alta un creativo publicitario que se dedica a pensar historias fabulosas, que caigan bien a la gente y, a la postre, animen a comprar unos productos en lugar de otros. Para el que preguntó a los españoles ¿Te gusta conducir? y fundó La república independiente de tu casa, las cosas han cambiado. “Todo ese mileurismo del que se habla se va a quedar en la sociedad y va a haber menos poder adquisitivo, de ahí ha nacido el low cost, para atender a toda esa gente”.

Cuando un publicitario habla así, es porque algo ocurre en el mercado. Los españoles han pasado de la euforia al pánico en el consumo, se han entregado al fenómeno del bajo coste y han empezado a ahorrar en pequeñas cosas, como comer en casa o llevarse la fiambrera al trabajo (esto, por ejemplo, ha crecido un 8% en un año).

Unas costumbres se quedarán y otras se olvidarán tan rápido como resucite la economía. Pero economistas y sociólogos coinciden en que hay un punto de inflexión en los hábitos, y aunque el hedonismo sobreviva tozudo, empieza a beber de nuevas fuentes, en el idioma económico, de nuevas oportunidades de negocio.

La reflexión irrumpe en la resaca de la fiesta económica. La espiral de consumismo, de acumulación de bienes en un país maravillado con su explosión económica se refleja en cómo entre 2005 y 2007 brotaron como setas los centros con cientos de trasteros de alquiler de entre dos y 25 metros cuadrados, conocidos con el anglicismo de self storages. La gente se lanzó a alquilarlos porque sus posesiones crecían y no tenían espacio en viviendas que, al mismo tiempo, eran cada vez más pequeñas y más caras. Esta disfunción dibuja muy bien la distorsión económica que ha vivido España.

“La psicosis durará seguramente más que la crisis, así que vamos a ver un consumidor más prudente en el futuro. Ahora va a haber una bajada de la renta disponible de las familias que luego se recuperará, el consumo también, pero desde luego no se va a repetir una etapa tan expansiva como la de los últimos 10 años, el escenario será más contenido”, dice un directivo de estudios de una entidad bancaria.

La entidad ha previsto para este año la primera caída de la renta de las familias en 15 años. En concreto, prevé un descenso de un 2,7% en términos nominales (es decir, sin contar el efecto que tienen las oscilaciones de los precios de las cosas) y el 2,3% en términos reales, considerando la inflación. Y la tasa de ahorro de los hogares es precisamente ahora, en pleno declive, cuando no deja de crecer.

Se trata, en resumen, de que habrá menos dinero para gastar durante algunos años. Pero también, menos necesidad de hacerlo después de una época de aprovisionamiento de casi todo. Como si de empresas se tratara, los españoles han acumulado stocks de múltiples bienes en los últimos años que ahora se tendrán que agotar antes de ser repuestos.

En unas pruebas de mercado realizadas en casas particulares para auditar sus posesiones. “Les ddecimos que sólo les queremos entrevistar y miramos sin avisar lo que guardan en los armarios: encontrando piezas por duplicado, triplicado… Prendas de ropa con las etiquetas, sin estrenar”, nos explica sorprendido el rsponsable de las mismas. “¿Va a volver el consumidor a ser como era? Probablemente no, porque nos han tirado un jarro de agua fría por encima. Éramos un milagro económico y ya no, pero el gasto volverá en cierto punto”.

El placer más o menos efímero que el consumo genera no tiene visos de desaparecer, pero el consumismo no es algo consustancial a la persona, “es consustancial a nuestro sistema económico, que sólo puede sustentase sobre una sociedad que nunca deje de comprar”, matiza un psicólogo.

Cuando comenzó la sociedad de bienestar, las teorías humanistas de los años cincuenta y sesenta pronosticaban que el ser humano aumentaría y aumentaría su consumo hasta un límite, superado el cual empezaría a bajar su ritmo de adquisición de bienes y servicios y empezaría a preocuparse por otras cosas. “Ahora todo esto nos parece absurdo, pero entonces no lo era. No se puede pronosticar el futuro”, apunta el psicólogo. Lo que sí sostiene es que la debacle económica, con la cota de más de cuatro millones de parados, ha tenido un efecto traumático para todos los consumidores, estén o no afectados por la crisis, y su perfil no volverá a ser el mismo.

Se destaca un nuevo prejuicio hacia el gasto, la ostentación y el lujo en esta crisis. “Por ejemplo, ¿cómo te cambias el coche si en tu empresa están echando a 20 trabajadores?, no lo haces. Hay mucha gente que no pasa penurias, pero ha dejado de darse caprichos, por eso el lujo está sufriendo tanto. Ahora, lo más cool es ir de otra cosa”, apunta.

La dialéctica entre austeridad y despilfarro es una constante en los ciclos económicos, por ello el consumo creció un 3,8% en 2007, sólo avanzó un 1,4% en 2008 y ha empezado a bajar. Pero el giro que ha dado el consumidor español en los últimos años también tiene algo de estructural. El ciudadano “ha aprendido a comprar los productos más baratos. Cuando viene de una época de crisis, el aprendizaje dura muchos años y las empresas van a tener que aportar cada vez más valor a precios más ajustados”.

Ello explica, por ejemplo, que la cuota de mercado que tienen los productos de marca blanca en los supermercados españoles haya escalado hasta el 32%, o que, de todos los pasajeros de aviones que han pasado por en España el pasado mes de junio, el 51,7% lo haya hecho en aerolíneas de bajo coste, 2,6 puntos más que en el mismo mes del año pasado.

Una parte del hábito de ahorro se queda. En Barcelona, ha ocurrido con el consumo de agua. Cuando una severa sequía acosó la provincia el año pasado, la comunidad se concienció lo suficiente como para reducir su consumo de agua y se adoptaron medidas de emergencia. Ha llovido bastante desde hace un año, en sentido literal, y la alarma ha pasado, pero muchas de las fórmulas adoptadas se mantienen. El gasto de agua ha bajado de 110 a 109 litros de media por ciudadano y día.

Un profesor de Psicología Social del Consumo de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), remarcar que “vamos a adaptar muchas de las nuevas pautas de consumo que hemos adquirido con la crisis”.

La compra semanal, la del súper, por ejemplo, “es mucho más planificada”. El profesor ha elaborado un estudio de tendencias en el que revela que el consumidor ha vuelto a “unos hábitos más racionales y responsables, haciendo compras más pequeñas, aunque sean más frecuentes, con menos productos superfluos, y recuperando la práctica de la lista de la compra”, que ayuda a evitar la adquisición impulsiva.

Aun así,  está convencido, de que ciertos “productos clave” siempre se harán un hueco en las prioridades de los ciudadanos, tengan más o menos poder adquisitivo. “Porque son los productos que aportan más valor añadido, más relacionados con la búsqueda de placer”.

Artilugios como los iPod, los iPhones o las consolas Wii han triunfado en el mercado español como estragos ha hecho la recesión económica. En plena crisis, en julio del año pasado, se lanzó el modernísimo teléfono iPhone de la marca Apple y se desató la locura: miles de fans de esta tecnología hicieron cola para adquirir uno el primer día en que se pusieron a la venta. Se acabaron las existencias en muchas de las tiendas. Sus ventas globales han superado las expectativas.

Pero, salvo los pequeños tesoros fabricados por la industria del marketing, en todo lo demás, las familias, o los individuos, son hoy mucho más recelosos. “El consumidor se ha dado cuenta de que ha estado pagando las cosas a unos precios que no eran los adecuados y ahora es mucho más exigente. El pequeño comercio ha oído este mensaje”.

Por ello, esta sensación de “rebajas continuas” que ha creado en el sector con la campaña de promociones y descuentos que han estado aplicando durante todo el año, con el fin de animar las ventas en un momento de caída del consumo, quedará de alguna manera en las estrategias de los comerciantes. “A partir de ahora va a haber menos diferencias entre la época de rebajas y la que no lo es, hay un cambio de paradigma”, opina.

Pero el gran cambio de esquema, el fin de la cultura de consumo, parece improbable. Al menos, si depende de giros sociológicos o ideológicos. “Este modo de vida puede cambiar por cuestiones de necesidad, porque se acaben los recursos o porque mantener este tren de consumo sea insostenible en el planeta, pero no hay ningún movimiento revolucionario de los jóvenes por cambiarlo pese a la existencia de algunas plataformas o iniciativas como el Día sin Compras”.

Al revés, se apunta que el hábito del consumo se ha extendido a otras áreas, como las relaciones personales.

Y eso que el consumo, el dinero, no generará felicidad si uno ya tiene cubiertas sus necesidades básicas. Hay estudios económicos que se han dedicado a investigarlo. La investigación cifraba en unos 10.700 euros los ingresos mínimos para ser feliz. A partir de ahí, el poder adquisitivo y felicidad no crecen al mismo ritmo. Otro estudio señala que aquellos a los que les toca la lotería sólo experimentan un incremento de felicidad el primer año, mientras que los siguientes se mantienen igual porque ya no experimentan ningún cambio de escalón.

Todos estos datos se estrellan contra los armarios llenos de prendas sin estrenar con los que se encuentran en los estudios de mercado. Porque la sociedad hedonista, la doctrina que proclama el placer como fin supremo de la vida, “va a seguir, y buscará ese placer consumiendo, aunque puede ser distinto, viajando, haciendo cursos de ganchillo, incluso, pero seguirá”.

Fuente: El País.com

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